Llevo unas cuantas semanas sin escribir en mi blog porque este inicio de curso está siendo bastante duro, con trabajo, proyectos personales y sin tiempo para otras cosas. Y llevo varios días dando vueltas a unas primeras impresiones que quiero escribir sobre el libro Que se mueran los gamers, de Adrián Suárez, que tan amablemente me envió y que le agradezco sinceramente.
Así que, aprovechando que tengo un día de fiesta y un huequito de unos minutos, voy a hacerlo. Mi intención era escribir un buen artículo cuando lo hubiera acabado, pero no veo la luz al final del túnel, así que allá voy.
El libro salió a la venta el 9 de septiembre de este mismo año. A mí me llegó unos días antes y empecé a leerlo. Le tenía ganas. Ya había leído cosas de Adrián como El padre de las almas oscuras, un recorrido por Hidetaka Miyazaki y sus juegos, que me flipó. Y Los secretos de las Tierras Intermedias y Los secretos del Reino de las Sombras, dos libros sobre Elden Ring y su DLC que son bocatto di cardinale.
Libros más bien tirando al ensayo y la divulgación, que dan mucha información y profundizan en aspectos de estos juegos, su autor y todo lo que los rodea. Una delicia para los fans de Miyazaki y sus juegos.
Conocía la existencia de otros de sus libros, como los que tiene dedicados a Zelda y Metal Gear, pero tampoco me había planteado leerlos porque no es mi mierda, por así decirlo.
Así que cuando vi que publicaba su primera novela me llamó la atención. Además, el título es juguetón, apetece saber a qué se debe. Le escuché en alguno de sus pódcast hablar de ella y de cuál era la intención, y me apeteció leerla. Después de años escribiendo, investigando y hablando sobre videojuegos y sobre la gente que los hace, tenía curiosidad por ver qué salía de ahí.
Pero no se parece a nada de lo que haya podido leer de Adrián. Y creo que no digo nada que no se pueda esperar.
Durante el primer capítulo me dio la sensación de estar viendo una peliculita de Dani Rovira, de estas que se estilan tanto en el cine español. Comedia picarona, personajes un poco caricaturescos, situaciones algo pasadas de vueltas y humor muy de aquí. Y, de repente, casi sin esperarlo y de forma muy orgánica, empiezan a colarse referencias al mundo del desarrollo del videojuego.
Para mí, esta parte es la más interesante. En más de una ocasión Adrián nos explica entresijos de la industria, cuenta anécdotas de videojuegos clásicos, atemporales y no tan atemporales, y aprovecha situaciones de la propia novela para hablar del desarrollo de videojuegos sin que parezca que ha parado la historia para ponerse a explicarlo. Y aquí es donde se nota que está cómodo.
Me podría enrollar bastante más con esto, pero tampoco quiero hacerlo cuando todavía estoy a mitad de camino. No sé si el libro va a mantener este equilibrio hasta el final ni si me va a acabar convenciendo más como novela o por todo lo que cuenta alrededor de ella. Ya veremos cuando lo termine.
Es un libro que quizás no está pensado para auténticos comidos de los videojuegos como yo. Aunque se puede aprender mucho aunque seas Patreon de Anait Games.
Yo acostumbro a encontrarme con mucho chaval al que le interesa el mundo del desarrollo. Me dicen que quieren trabajar en el sector y yo siempre les pregunto qué esperan encontrarse. La respuesta no se parece demasiado a la realidad actual. Les gustan los videojuegos, quieren hacer videojuegos, pero muchas veces la idea que tienen de lo que significa trabajar en ello está bastante lejos de cómo funciona realmente ese mundo.
Y mientras lo leía no podía evitar pensar precisamente en ellos.
Que se mueran los gamers es una novela, no un manual de desarrollo de videojuegos. Pero por el camino va dejando caer muchas cosas sobre esa industria que no aprendes simplemente por jugar mucho.
Por eso pensaba que, si en la ESO existiera una optativa de «Desarrollo de videojuegos», podría encajar perfectamente como lectura. No porque sea un libro infantil ni porque esté especialmente simplificado, sino porque me parece una forma bastante natural de acercarse a una realidad que desde fuera se suele idealizar bastante.
Y eso, para alguien que está empezando a pensar que quizás quiere dedicarse a esto, puede tener bastante valor.
Todavía tengo mucho libro por delante. Puede que cuando lo termine cambie de opinión sobre algunas cosas. Pero de momento esta es la parte que más me está interesando: todo lo que Adrián va contando sobre el mundo del desarrollo mientras, en realidad, te está contando una historia.
Imagen destacada: composición generada con IA a partir de una fotografía propia.