La PS5 Pro, cada vez menos premium

Me enteré de que Sony había llevado QSSR a la PlayStation 5 normal viendo a los Chiclana. Para ser exactos, me enteré prácticamente al mismo tiempo que ellos, porque estaban comentando la noticia en el programa.

Fue bastante divertido ver su reacción. Sobre todo la del Pui y el Sopas. A mí, al menos, me dio la sensación de que durante unos segundos estaban pensando más o menos lo mismo que yo.

¿Entonces por qué $%&/% era tan importante el PSSR?

Porque, en principio, la llegada de QSSR a la PS5 base es una buena noticia. De hecho, es probablemente una de las pocas noticias claramente positivas de PlayStation en un año en el que Sony se ha metido ella solita en una vorágine de decisiones cuestionables y, en algunos casos, bastante poco amistosas con el consumidor.

Se trata de la versión descafeinada, adaptada al modelo base, del famoso reclamo de la PS5 Pro, PSSR: PlayStation Spectral Super Resolution.

Esta tecnología se encarga de escalar una imagen renderizada a baja resolución a una resolución más elevada, usando una red neuronal entrenada para reconstruir detalle y aprovechar información temporal de varios fotogramas. Lo que permite esto es poder jugar a resoluciones relativamente elevadas a una buena tasa de frames.

Algo que no sale gratis. El precio a pagar suele ser ver artefactos y efectos como el ghosting en determinadas imágenes, especialmente cuando el algoritmo parte de una resolución demasiado baja o tiene problemas para reconstruir elementos muy finos o en movimiento.

También es uno de los pocos alicientes que hay para pagar los 899 euros que cuesta ahora mismo la Pro, sin contar lector ni peana.

Más potencia: Más cara

La PS5 Pro sí es una consola más potente que la base. Según Sony, muchísimo más, claro: un 67 % más de unidades de cómputo por aquí, memoria un 28 % más rápida por allá y hasta un 45 % más de rendimiento de renderizado. Todo muy bonito cuando los datos los pone el Playstation intentando venderte la consola.

Si nos vamos a datos más objetivos, la GPU de la Pro alcanza unos 16,7 TFLOPS frente a los 10,28 de la PS5 normal, y aumenta el ancho de banda de memoria de 448 a 576 GB/s. No es poca cosa, aunque tampoco conviene convertir los TFLOPS en una unidad universal de «esto es un 62 % mejor», porque el rendimiento real no funciona así.

Las comparativas independientes dejan precisamente una imagen bastante menos espectacular que la presentación de Sony. Hay juegos donde la Pro mejora claramente la experiencia y otros donde necesitas una televisión grande, acercarte bastante o empezar a buscar diferencias para justificarte a ti mismo los 300 euros de diferencia con la base.

No voy a decir, por tanto, que una PS5 Pro sea una PS5 normal con PSSR. No lo es.

Compra una Pro y disfruta del PSSR

El problema es que PSSR fue uno de los tres grandes pilares con los que Sony justificó la existencia de la consola Pro. Y dos años después una versión simplificada del mismo concepto ha acabado llegando también al modelo de 2020.

Sony asegura que PSSR era demasiado exigente para el hardware de la PS5 original y que QSSR ha sido posible gracias a una red neuronal más ligera y específicamente optimizada para la consola base. Otra vez lo que les interesaba decir.

Puede ser, pero me puedes llamar desconfiado.

Yo sigo teniendo mis dudas sobre hasta qué punto era imposible hacer algo parecido antes, pero eso ya entra en el terreno de la especulación. Lo que sí sabemos es que Sony ha conseguido llevar una tecnología de reconstrucción neuronal bastante parecida en concepto a una consola que salió en 2020.

PS5 base con PSSR Lite

Y sí, llamarla QSSR en lugar de PSSR Lite ayuda a que la cosa suene un poquito menos fea.

No hace falta ponerse conspiranoico para encontrar una explicación. Sony y AMD llevan tiempo trabajando conjuntamente en tecnologías de Machine Learning dentro de Project Amethyst y han conseguido desarrollar una red lo suficientemente ligera como para funcionar en el hardware original. O eso dicen.

Perfecto.

La cuestión que me interesa no es por qué han podido hacerlo, sino qué dice esto de la propuesta de valor de la Pro.

Porque el comprador de una PS5 Pro sigue teniendo exactamente la misma consola que tenía ayer. QSSR no le ha quitado potencia, ni Ray Tracing, ni PSSR, ni almacenamiento. Tampoco convierte mágicamente una PS5 normal en una Pro.

Pero sí reduce el carácter exclusivo de una de las tecnologías con las que Sony vendió precisamente su modelo premium.

Y aunque PSSR puede marcar bastante diferencia en determinados juegos, tampoco conviene atribuirle capacidades mágicas. El reescalado temporal existe desde hace años. AMD tiene FSR, Nvidia utiliza DLSS y las consolas llevan varias generaciones reconstruyendo imágenes para aparentar resoluciones superiores a las que realmente están renderizando.

PSSR no inventó el reescalado. El reclamo estaba en hacerlo mejor.

Ahora mismo, con el QSSR recién aparecido, solo hay dos juegos que se aprovechen de él: Ghost of Yotei y Wolverine.

Según Digital Foundry, el de Lobezno es el juego en el que más destaca la nueva tecnología de escalado de Sony. En el caso del Yotei, el FSR3 ya hacía un buen trabajo y el QSSR pasa prácticamente inadvertido.

Y esto también me parece relevante. En algunos juegos una buena reconstrucción puede transformar el resultado y en otros la diferencia será mucho más pequeña porque las soluciones anteriores ya funcionaban suficientemente bien.

Es decir, QSSR puede ser una mejora importante sin convertirse por ello en una revolución.

La Pro no es para tanto

Podríamos abrir el debate si de verdad estas tecnologías son motivo suficiente, por sí solas, para comprar una Pro o no.

A mí me parece que tiene más marketing detrás que otra cosa.

Son 300 euros de diferencia que, en principio, están justificados aunque solo sea por la exclusividad.

La cuestión es cuánto vale realmente todo eso cuando sales de la presentación de PowerPoint y te sientas delante de la tele.

Y precisamente uno de los grandes reclamos tecnológicos de ese sobreprecio acaba de recibir una versión adaptada para la consola de 599 euros.

Ahora la Pro es un poco menos especial.

Y para mí ahí está la gracia de todo esto. La PS5 Pro no deja de ser el modelo premium porque la PS5 normal reciba QSSR, pero cuesta un poco más verla como ese producto exclusivo que Sony nos vendió hace menos de dos años.

Todo el que tiene una Pro sabe que tiene un producto mejor. Sobre el papel destaca en muchas cosas y, en determinados juegos, también lo hace en la práctica. Otra cosa es cuánto se nota realmente esa diferencia y cuánto vale para cada uno.

Pero ahora hay una pregunta que antes no estaba.

Si QSSR hubiera existido en la PS5 base cuando salió la Pro, ¿cuántos de los que pagaron 300 euros más habrían tomado exactamente la misma decisión?

Yo, desde luego, cada vez tengo más claro que no.